martes, diciembre 12, 2006

!Una idea extraordinaria!

Estimado Ricardo.

Mi sobrino, Antonio Pedro Da Costa Lima, actual alumno del Cervantes, me dió la dirección de tu blog y yo lo fui a mirar. Fue la primeira vez que un blog despertó no solo mi curiosidad, pero sobretodo prendió fuego a mi memoria. Realmente, estudiar en el Liceo Cervantes en aquella época, al menos para mi y para muchos otros que he ido encontrando por el mundo, fue una experiencia marcante y tu blog es muy bienvenido.

Yo estudié en el Liceo de 1977 a 1979, cuando terminé el COU. Hubo, entonces, una coincidencia extraordinaria de gentes y de momentos muy particulares.

España venía de "destaparse" unos años antes con la muerte de Franco (yo vivía en Madri cuando se murió), y a la sensación de alivio y libertad se sumaba una vigorosa primavera de inteligencia. La fibrilación romana y ese momento tan especial de la vida española encontraron en el colegio un caldo de cultura fascinante, en la mezcla de gentes de tantos lugares de Latinoamérica. Y éramos todos vibrantemente jóvenes y listos para experimentar esos viejos mundos nuevos.

En tu blog encontré las fotos actuales de Armando, mi compañero de esa época, y de Elena, su queridísima hermana. Al verlos, perdi el coraje de enviarte una foto mía actual, pues sería el testigo fiel de que, al contrario de esos dos querídisimos amigos, canas y quilos dejaron en mi marcas visibles.

La última vez que le vi a Armando fue alrededor del 1986, cuando pasé por Caracas y el trabajaba en el mismo edificio que la Embajada del Brasil. En la misma época, pasé por Madrid y me encontré con Angela Gorostizu, Teresa Robles (que era alumna honoraria, como atestiguan las fotos, aunque estudiara en el Americano de Roma; solo Paloma era efectivamente alumna), Juantxo (veo que ahora se escribe Juancho) Herrera.

Más recientemente, hace unos dos años, me encontré con Juano Siles, él como Canciller, yo como funcionario de la Embajada del Brasil acá en Asunción, en donde estoy desde el 2003, después de 3 años en Paris. Nuestro encuentro llegó a ser constrangedor, en la medida en que los dos nos pasamos casi toda la recepción oficial en su homenaje recordándonos de los años romanos. A María Fontanals (hermana de Mercedes) aún la encontré en Nueva York, cuando vivía allá en los finales de los 80; despúes, perdi el contacto.

Sara Fracchia(?cual es la razón para que conste como argentina, si ella es, segun entiendo, paraguaya y brasileña?) me encontró acá en Asunción, hace un poco menos de un año. Al salir de Paris, para venir a Asunción, fui a cenar con el Encargado de Negocios de la Embajada de Paraguay, Juan Ignacio Livieres, y su encantadora esposa. La cena caminaba discretamente bien, hasta cuando nos dimos cuenta de que los dos y yo habíamos estudiado en el Cervantes, aunque en épocas diferentes. A partir de ahí, se convirtió en alegre tertulia de viejos amigos.

Mi mujer confirmó entonces lo que ya intuyera en anteriores encuentros: el Cervantes, pequeño, discreto y escondido, tuviera una naturaleza mágica.
Todos fueron excelentes encuentros, a darme la reconfortante indicación de que, apesar de mi vida gitana, las posibilidades de rehacer, en el presente, el tejido de la añoranza es siempre posible.


Y tu blog es un ejemplo más de que, a pesar de mis descuidos, de que no escribo a los amigos, de que no cultivo los contactos que anoto en papeles que después pierdo en los bolsillos, junto con los piés de calcetines que tal vez vayan a parar en el paraíso de los objetos perdidos, hay posibilidad de hilar lo aleatorio del mundo en nuevas redes de cosas buenas.

Miré las fotos que tienes en tu sitio y me vinieron tantos recuerdos extraordinariamente felices de aquellos dos intensos años en Roma.

Me vi en unas seguro (la de la excursión de 1978, en donde estoy sentado bien arriba; en el viaje a Gubbio 1977) y en otra en que pienso que soy yo (el de la maratón de 1978, en que participé, pero vete tu a saber si ese soy yo mismo o alguien que mucho se me parece).

En las fotos de fin de curso, un recuerdo más a lo que ya aportó Elena: queríamos poner una bandera de la España Republicana (amarillo, rojo y morado). No se de quien fue la idea, pero mi abuela nos hizo la bandera, que tenía conmigo hasta hace unos años.

El Embajador de España (anta la Santa Sede o el Quirinalle, ya no me acuerdo) protestó fuertemente. El disco de Vangelis lo tengo hasta hoy, ahora en versión CD... Usábamos unas máscaras blancas, tipo obispo y - no se si fantasío - entrábamos con un ataud... Quien tocaba la guitarra en la foto era Mario Vargas Vargas, boliviano, de quien alguien me dijo que andaba por España.

Max también andaba por aí, según me dijeron, como fotógrafo de una revista de moda (Vogue?). Pero no descarto que ande mesclando memorias e historias que me fueron contadas. !La foto del curso 1978-79 está genial! Pena que no estemos todos o al menos eso es lo que me parece.

Tengo más olvidos que memorias...

Descargué la lista actualizada de direcciones pero realmente mi memoria no me sirvió de gran cosa para descubrir la contraseña . A pié anduve por Roma casi todo el tiempo, salvo cuando Diego Siles (otro alumno honorario, hermano de Juano) nos llevaba en la camioneta Volvo amarilla (o crema) de su padre o cuando la motoneta de Juan Sarsanedas aguantaba a dos. !En esa camioneta nos agarraron saliendo de una fiesta, en Bottega Oscura, el dia en que mataron a Aldo Moro! Ese recuerdo casi parece realismo fantástico hoy dia, como en los romances en que los personajes son casualmente testigos de la historia.

Tan fantástico como una noche en que salimos de la casa de Angela Gorostizu, perdimos el último metro de Ostia y nos quedamos en una plaza, sobre un banco, sitiados por perros callejeros. Eso, por suerte, sé que no lo soñé, pues mi padre, que nos rescató, se recuerda de ese episodio, asi como de la vez que nos fue a retirar a Armando y a mi de los Carabiniere, los dos presos por protestar contra el dictador argentino Videla en la toma de posesión del papa (ya no recuerdo si era el juan pablo I o II).

Quedé contento de ver que, al menos, estoy listado y que alguien sabía quién era a punto de identificarme en las fotos. Me dice mi sobrino Antonio que habrá que poner un Antonio Da Costa (2), para listarle a él, quien, como yo entonces, decidió volver a Brasil para perseguir sus estudios universitarios. Quien diría que un otro brasileño, llamado Antonio Da Costa, estudiaría en el Cervantes (?Digase de paso, quien es Rubén Pablo Rodríguez, también listado como brasileño, apesar del nombre muy castellano y nada lusitano?).

Felicitaciones por tu iniciativa. Soy pesimo para mantener contactos, pero quien sabe ahora, y con tu ayuda, me hago más vivo para los viejos amigos.
Voy a escanear unos fotos que tengo para enriquecer tu excelente colección de recuerdos. Los resultados talvez no sean prometedores.


Intento mantener mis viejas convicciones políticas en cosas que apenas me complican la vida, como resistir a la seducción tecnológica de escaners, fotos digitales y otros. Desafortunadamente, mi padre ya no me presta su Rolleiflex con estuche de cuero marrón y uno de estos días tendré que resignarme a la velocidad de lo moderno, que me hace cada vez menos contemporaneo de mi mismo.

Saludos a ti y a todos los que lean este blog de Antonio.